Recurso de nulidad - Judiciary nullity

Recurso de Nulidad de Actos administrativos de efectos particulares

CIUDADANO

PRESIDENTE Y DEMÁS MAGISTRADOS DE LA SALA CONSTITUCIONAL DEL TRIBUNAL SUPREMO DE JUSTICIA

SU DESPACHO.-

Yo, JOSÉ ANTONIO CARRERO ARAUJO, venezolano, mayor de edad, identificado con la Cédula de Identidad N° V-6.901.013, abogado en ejercicio, inscrito en el INPREABOGADO bajo el N° 35445, y domiciliado a efectos procesales en la Oficina 6-C, Piso 6, de la Torre Phelps, ubicada en el cruce de la Avenida La Salle con Plaza Venezuela, Urbanización Los Caobos, en la jurisdicción del Municipio Libertador del Distrito Capital, acudo con el debido acatamiento y respeto, y actuando en mi propio nombre, a fin de interponer, conforme a los artículos 26 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y 5 y 18 de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia, una Demanda de Protección de Intereses Difusos conjuntamente con una solicitud de Amparo Cautelar, en contra del Decreto de la Presidencia de la República N° 5.834 del 28 de enero del 2008, publicado en la Gaceta Oficial N° 38.859 de esa misma fecha, en los términos que siguen a continuación:

LOS HECHOS

En diversas oportunidades en sus apariciones públicas y televisivas, el ciudadano Presidente de la República, HUGO RAFAEL CHÁVEZ FRÍAS, ha venido expresando de diferentes formas las dudas que le acometen sobre el proceso que conllevó el retiro de la escena pública, la agonía, y posterior muerte de Simón José Antonio de La Trinidad Bolívar Palacios Ponte y Blanco, eximio Precursor, Prócer y Libertador de la República.

En ejecución de tales dudas, y actuando en consecuencia, procedió en fecha veintiocho (28) de enero del dos mil ocho (2008) a dictar el Decreto N° 5.834, publicado en la Gaceta Oficial N° 38.859 de esa misma fecha (Anexo “A”), a crear una Comisión Presidencial que tendría como objeto planificar y activar un proceso de investigación histórica y científica sobre los acontecimientos relacionados con el fallecimiento de El Libertador Simón Bolívar, y las circunstancias que rodearon el traslado de sus restos mortales al Panteón Nacional.

Antes de continuar con la presente demanda, creemos necesario hacer una relación histórica, de gran utilidad para el caso que nos ocupa.

1.- De los últimos días de El Libertador

Con su carácter demasiado dividido, contrariado profundamente por las malandanzas de quienes creía sus amigos, y habiendo renunciado a continuar dirigiendo los destinos de la Gran Colombia, llegó el Libertador a Santa Marta en horas de la noche del 1° de diciembre de 1830.

Bajó del bergantín “Manuel” a duras penas, auxiliado por su edecán, el Capitán Iturbide, y debió ser montado en una silla de manos, extenuado, antes que mejorado por el viaje de mar que proyectaba, y descansó en la localidad, donde algo reposó.

Se preocuparon sobremanera Mariano Montilla y José Palacios, últimos y fieles escoltas del General Bolívar, y enviaron por auxilio médico: nadie quiso prestar sus oficios al exilado de la República, hasta que Alejandro Próspero Revérérend acudió en su ayuda.

Con la ayuda de sus artes médicas, comenzó a atender al Libertador, pero el peso de la responsabilidad lo embargó: solicitó a otro médico la confirmación del fatal diagnóstico, al Dr. MacNight, residente de la Goleta Grampus, la cual se encontraba fondeada en la Bahía de Santa Marta. El Libertador se encontraba “flaco y extenuado, el semblante adolorido y una inquietud de ánimo constante.”

Acuerdan los facultativos el tratamiento del enfermo, pero el mismo se resiste.

Simón Bolívar escribe a Diego Ibarra el día 4 de diciembre que sus males lo habían hecho sufrir por un tiempo, hasta reconocerle a Pedro Briceño Méndez que “…(sus) padecimientos se han agravado bastante, reduciéndome al fin a un estado en que ya no me es posible atender a otra cosa que mi salud…”

Joaquín de Mier, ciudadano español principal de esa localidad, le ofreció alojamiento en su Quinta de San Pedro, distante a una legua de Santa Marta, y lo hizo transportar en su berlina.

Llegando a la misma, su señora esposa, la señora Rovira, pidió tener unas palabras con el Libertador, la cual ordenó al cochero, detente, arretêz vous… Y respondió el Libertador, siempre el perfecto Chevalier, “encore mo’il reste haleine pour embrasser ses mains…”, aún me queda aliento para besar sus manos, ante las protestas del Don Joaquín.

Se encontró a gusto el Libertador en sus aposentos, y su inquieto temperamento pareció calmarse. El Informe de Revérénd del siete de diciembre de 1830, anuncia que el padecimiento de El Libertador remite en su última esperanza, y dicta a su secretario cartas a Rafael Urdaneta, a Justo Briceño, y a Estanislao Vergara.

Recae el Libertador tres días después, el día diez, y sintiendo la proximidad de la Parca, dicta su Testamento ante JOSÉ CATALINO NOGUERA, Escribano Público de la localidad:

“En el nombre de Dios todo Poderoso. Amen. Yo Simon Bolívar Libertador de la Republica de Colombia, natural de la Ciudad de Caracas en el Departamento de Venezuela, hijo legmo. de los Sres. Juan Vicente Bolívar, y María Concepcion Palacios, difuntos; vecinos que fueron de dicha Ciudad, hallandome gravemente enfermo, pero en mi entero y cabal juicio, memoria y entendimiento natural, creyendo y confesando como firmemente creo y confieso el alto y Soberano misterio de la beatísima y Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo tres Personas distintas y un solo Dios verdadero, y en todos los demás misterios que cree, predica y enseña nuestra Santa Madre Iglesia, Catolica, Apostolica Romana, bajo cuya fé y creencia hé vivido, y protesto vivir hasta la muerte, como Catolico fiel Cristiano, para estar prevenido cuando la mía llegue con dispocision testamental, bajo la invocacion divina, hago, otorgo, y ordeno mi Testamento en la forma siguiente: 1ª Primeramente encomiendo mi Alma a Dios nuestro Señor que de la nada la crió, y el cuerpo á la Tierra de que fué formado, dejando á dispocision de mis Albaceas el funeral y entierro, y el pago de las mandas que sean nesesarias para (los lugares) obras pías, y estén prevenidas por el Gobno.

2ª Declaro fuí casado legalmte. con la Sra. Teresa Toro, difunta, en cuyo matrimonio no tubimos hijo alguno.

3ª Declaro: que cuando contraximos matrimonio, mi referida Esposa, no introdujo á el ninguna dote, ni otros bienes, y yo introduje todo cuanto heredé de mis Padres.

4ª Declaro: que no poseo otros bienes mas qe. las Tierras y Minas de Aroa, situadas en la Provincia de Carabobo, y unas Alhajas que constan en el Inventario qe. debe hallarse entre mis papeles, las cuales existen en poder del Señor Juan de Francisco Martin vecino de Cartagena.

5ª Declaro: que solamente Soy deudor de Cantidad de pesos á los Señores Juan de Francisco Martin y Poules y Compañia, y prevengo á mis Albaceas que esten y pasen por las cuentas que dichos Señores presenten, y las satisfagan de mis bienes.

6ª Es mi voluntad que la Medalla que me presentó el Congreso de Bolivia, á nombre de aquel Pueblo, se le devuelva como se lo ofrecí, en prueba del verdadero afecto, que aun en mis ultimos momentos conservo á aquella Republica.

7ª Es mi voluntad que las dos obras que me regaló mi amigo el Sór. Gral. Wilson, y que pertenecieron antes á la Biblioteca de Napoleon, tituladas el Contrato Social de Ruseau, y el Arte Militar de Montecuculi, se entreguen á la Universidad de Caracas.

8ª Es mi voluntad que de mis bienes se le dén á mi fiel Mayordomo Jose Palacios la cantidad de ocho mil pesos, en remuneracion á sus constantes servicios.

9ª Ordeno: que los Papeles que se hallan en poder del Sr. Pavageau, se quemen. 10ª Es mi voluntad que despues de mi fallecimiento, mis restos sean depositados en la Ciudad de Caracas mi País natal.

11ª Mando á mi Albaceas q. la espada que me regaló el Gran Mariscal de Ayacucho, se devuelva á su Viuda pa. que la conserve, como una prueba del amor qe. siempre he profesado al expresado Gran Mariscal.

12ª Mando que mis Albaceas dén las gracias al Sr. Gral. Roverto Wilson p. el buen comportamto. de su hijo el Coronel Belford Wilson, q. tan fielmente me ha acompañado hasta los ultimos momentos de mi vida.

13ª Para cumplir y pagar este mi Testamento, y lo en él contenido nombro p. mi Albaceas Testamentarios, fidei comisarios, tenedores de bienes a los Sres. Gral. Pedro Briseño Mendes, Juan de Francisco Martin, Dr. Jose Vargas, y General Laurencio Silva, pa. que de mancomun et insolidum entren en ellos, los beneficién y vendan en Almoneda ó fuera de ella, aunque sea pasado el año fatal de Albaceazgo, pues yo les prorrogo el demas tiempo que nesesiten, con libre, franca y general Administracion.

14ª Y cumplido y pagado este mi Testamento y lo en él contenido instituyo y nombro pr. mis unicos y universales herederos en el remanente de todos mis bienes, deudas, derechos y acciones, futuras succesiones en que haya succedido y succeder pudiere, á mis hermanas María Antonia y Juana Bolívar, y á los hijos de mi finado hermano Juan Vicente Bolívar, á saber, Juan, Felicia y Fernando Bolívar, con prevencion de que mis bienes deberan dividirse en tres partes, las dos para mis dichas dos hermanas, y la otra parte para los referidos hijos de mi indicado hermano Juan Vicente, p. que lo hayan, y disfruten con la bendición de Dios.

Y revoco, anulo, y doy p. de ningun valor ni efecto, otros Testamentos, codicilos, Poderes y memorias que antes de este haya otorgado por escrito, de palabra ó en otra forma para que no prueben, ni hagan fé en juicio, ni fuera de él, salvo el presente que ahora otorgo como mi ultima y deliberada voluntad, ó en aquella vía, y forma q. mas halla lugar en dro. En cuyo testimonio así lo otorgo en esta Hacienda San Pedro Alejandrino de la comprensión de la Ciudad de Santa Marta á diez de Diciembre de mil ochocientos treinta. Y Su excelencia el otorgante á quien yo el Infrascrito Escribano Publico del Numero certifico que conozco, y de que al parecer está en su entero y cabal juicio, memoria y entendimiento natural, así lo dijo, otorgó y firmó p. ante mí en la Casa de su habitacion, y en este mi Regtro. corrte. de Contratos publicos siendo testigos los SS. Gral. Mariano Montilla, Gral. José Ma. Carreño, Coronel Belford Hinton Wilson, Coronel José de la Cruz Paredes, Coronel Joaquín de Mier, primer Comandante Juan Glen, y Dr. Manuel Perez Recuero, presentes.

fechado = los lugares = nove. - SIMON BOLIVAR

Ante mí Jose Catalino Noguera

Escno. pco.”

Ya sintiendo los últimos momentos, dicta Simón José Antonio de la Trinidad Bolívar Palacios y Blanco, su Última Proclama:

“COLOMBIANOS:

Habéis presenciado mis esfuerzos para plantear la libertad donde antes reinaba la tiranía. He trabajado con desinterés, abandonando mi fortuna y aun mi tranquilidad. Me separé del mando cuando me persuadí que desconfiabais de mi desprendimiento. Mis enemigos abusaron de vuestra credulidad, y hollaron lo que me es más sagrado: Mi reputación y mi Amor a la Libertad. He sido víctima de mis perseguidores, que me han conducido a las puertas del sepulcro. Yo los perdono.

Al desaparecer de en medio de vosotros, mi cariño me dice que debo hacer la manifestación de mis últimos deseos. No aspiro a otra gloria que la consolidación de Colombia. Todos debéis trabajar por el bien inestimable de la unión: los pueblos obedeciendo al actual gobierno para librarse de la anarquía, los Ministros del santuario dirijiendo sus oraciones al Cielo; y los Militares empleando su espada en defender sus garantías sociales.

¡Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la Patria. Si mi muerte contribuye a que cesen los partidos, y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro.”

No habrá de dictar más, salvo aquella dirigida al día siguiente al General Justo Briceño, pidiéndole que se reconcilie con el General Urdaneta.

La tisis hace su mortal trabajo, y hace recaer al Libertador. Grita, delira, maldice como buen caraqueño.

Su inmortal Mayordomo lo calma, y el pobre cuarto donde descansa el último mantuano ilustrado recibe sus últimos estertores.

Suena la una en el reloj octagonal en la humilde pieza, y suma los minutos que faltan para la muerte del Egregio Americano.

Alejandro Próspero Revérénd ha llamado a sus últimos acompañantes para que sean testigos del último suspiro de Simón José Antonio de La Trinidad Bolívar Palacios Ponte y Blanco.

“Examinó el aposento con la clarividencia de sus vísperas, y por primera vez vio la verdad: la última cama prestada, el tocador de lástima cuyo turbio espejo de paciencia no lo volvería a repetir, el aguamanil de porcelana descarchada con el agua y la toalla y el jabón para otras manos…” 

Fallece el Libertador, desgarra el lamento de José Palacios, llora el recio General Montilla. Fernando Bolívar no sabe qué hacer. Muere el último grancolombiano, y con él la esperanza de esa Patria Grande.

Pide Revérénd vestiduras dignas para el difunto: Bolívar viste una camisa rota, recuerdo quizá de alguna campaña. Pide el doctor su propia camisa, con la cual viste al Libertador: no queda uniforme alguno para el General de Las Américas. Todo lo ha dejado en su gesta.

Parten, raudos, hacia Santa Marta, los Ordenanzas. Ha muerto Bolívar. Los Separatistas celebran, ha muerto Longaniza, y lloran los republicanos.

El día 18 escribe Luis Perú de Lacroix a Manuela Sáenz Vda. de Thorne:

“A mi señora doña Manuela Sáenz.

Mi respetable y desgraciada señora:

He prometido escribirle a usted y hablarle con verdad. Voy a cumplir este encargo, y empezaré por darle la más fatal noticia.

Llegué a Santa Marta el 12, y al mismo momento me fui para San Pedro, donde se hallaba el Libertador. S.E. estaba ya en estado cruel y peligroso de enfermedad, pues desde el día 10 había hecho su testamento y dado una proclama a los pueblos, en la que se despide para el sepulcro. Permanecí en San Pedro hasta el 16, que partí para esta ciudad, dejando a S.E. en estado de agonía que hacía llorar a todos los amigos que lo rodeaban. A su lado estaban los generales Montilla, Silva, Portocarrero, Carreño, Infante y yo, y los coroneles Cruz, Paredes y Wilson, capitán Ibarra, teniente Fernando Bolívar, y algunos otros amigos. Sí, mi desgraciada señora, el gran hombre estaba para dejar esta tierra de la ingratitud y pasar a la mansión de los muertos a tomar asiento en el templo de la posteridad y de la inmortalidad, al lado de los héroes que más han figurado en esta tierra, de miseria. Le repito a usted, con el sentimiento del más vivo dolor, con el corazón lleno de amarguras y heridas, dejé al Libertador el día 16 en los brazos de la muerte, en una agonía tranquila, pero que no podía durar mucho. Por momentos estoy aguardando la fatal noticia, y mientras tanto, lleno e agitación, de tristeza, lloro por la ingratitud de los que a él todo lo debían, que todo lo habían recibido de su generosidad.

Tal es la triste y fatal noticia que me veo en la dura necesidad de dar a usted. Ojalá el cielo, más justo que los hombres, echase una ojeada sobre la pobre Colombia, viese la necesidad que hay que devolverle a Bolívar, e hiciese milagro de sacarlo del sepulcro en que casi lo he dejado.

Permítame usted, mi respetada señora, llorar con usted la pérdida inmensa que ya habremos hecho, y que habrá sufrido toda la República, y prepárese usted a recibir la última y fatal noticia.

Soy de usted admirador y apasionado amigo, y también su atento servidor,

q.b.s.p.

L. Peru de Lacroix”

2.- De las andanzas del cadáver de El Libertador

En medio de las divisiones que aún perviven, el cadáver del Libertador es enterrado en medio de algunos honores militares en la Catedral de Santa Marta, hasta que el Congreso Colombiano accedió a enviarlo a Caracas en 1842.

Formó parte de la Comisión venezolana el Dr. José María Vargas, Albacea Testamentario de Simón Bolívar y primer Presidente civil de la República, el cual realizó los necesarios trabajos de conservación de los restos en descomposición, que incluyeron el modelaje en cera de algunas partes faltantes (dedos anulares y segundas falanges de las manos huesos del metatarso del pie izquierdo).

Barnizados los huesos, el esqueleto fue ensamblado con alambres de plata, cubierto con un damasco negro y acomodado mediante cuñas en una caja de plomo, construida con láminas de ese metal y soldadas por el mismo Dr. Vargas. La caja de plomo se depositó en una urna de madera con dos llaves, y permaneció en la cripta de la Familia Bolívar hasta el año 1852, cuando fue colocada al pie del recién llegado mausoleo de Tenerani.

En 1876, bajo el gobierno de Guzmán Blanco, se inauguró el Panteón Nacional, y la urna de madera, contentiva de la caja de plomo, es conducida ahora sí con todos los honores y depositada definitivamente en el altar principal del Templo de la Patria.

En 1930, en la conmemoración del Centenario de la Muerte del Libertador, el gobierno del general Juan Vicente Gómez sustituyó la urna de madera por el sarcófago de bronce y en su interior fue depositada la caja de plomo, jamás violada, tal como la dejó José María Vargas en 1843, y allí han permanecido los restos hasta el día de hoy, recibiendo el respeto y la veneración de todos los pueblos del mundo.

Resulta obvio que la egregia muerte despierta curiosidades, todas ellas resumidas en las Asambleas Nacionales Constituyentes que se reunieron en la actual era republicana.

Culmina el debate la Asamblea Constituyente que terminó promulgando la Constitución de la República de 1961, con una comisión integrada por los Dres. José Ignacio Baldó, Alfredo Boulton, Oscar Beaujon, Blas Bruni Celli y el Pbro. Pedro Pablo Barnola, donde en sus conclusiones publicadas el 13 de febrero de 1964 dictaminan con certeza médica y científica que los datos suministrados por Alejandro Próspero Revérénd en su autopsia del cadáver de El Libertador eran exactos, y que efectivamente el mismo falleció debido a una infección tuberculosa.

Hágase mención aparte del hecho de que en el protocolo de la autopsia llevada a cabo por Revérénd se deja constancia de que se extrajo un nódulo calcificado del pulmón izquierdo de Bolívar, y que el mismo reposaba en el Museo Bolivariano de Caracas, de lo cual se dejó constancia en dicho estudio, que se acompaña marcado “B”.

De allí, es de nuestra más respetuosa consideración, que el mencionado Decreto Presidencial, y así deseamos hacerle saber a esta Honorable Sala, presenta graves vicios de razones de inconstitucionalidad e ilegalidad, que pueden perfectamente ser subsanados por la actuación de esta Sala, adoptando las medidas que lo hacen objeto de la presente demanda de protección de intereses difusos, conjuntamente con un Recurso de Amparo Constitucional de carácter cautelar.

DE LA LEGITIMACIÓN PARA INTERPONER EL PRESENTE RECURSO

Tal y como fuera expuesto en el encabezado del presente escrito, quien suscribe es venezolano, nacido en Caracas, nacido de padre y madre venezolanos de muchas generaciones.

Además, soy orgulloso graduado de casas de estudios venezolanas, en las cuales recibí el patrio sentimiento de respeto a la memoria de El Libertador y el estudio de su memoria.

Dejando la debida y orgullosa constancia de mis antecedentes, tanto personales como profesionales, como venezolano originario y como profesional del Derecho, es que me veo obligados a recurrir ante ustedes, en los términos que humildemente someto a su consideración.

Me considero, pues, suficientemente legitimado como caraqueño y ciudadano venezolano y heredero de la Patria de Bolívar, para interponer la presente Demanda.

DE LA ACCIÓN DE AMPARO CAUTELAR

Así, toda vez que el Decreto prenombrado se encuentra viciado de nulidad y anulabilidad, anuncio lo que interpongo formal Acción de Amparo Cautelar en contra del Decreto de la Presidencia de la República N° 5.834 del 28 de enero del 2008, publicado en la Gaceta Oficial N° 38.859 de esa misma fecha, para que este digno Tribunal prohíba, o en su defecto controle y reglamente de forma estricta, la exhumación de los restos mortales de Simón José Antonio de La Trinidad Bolívar Palacios Ponte y Blanco, nacido en la ciudad de Santiago de León de Caracas el día veinticuatro (24) de julio del año de Nuestro Señor de un mil setecientos ochenta y tres (1783), hijo del Cnel. JUAN VICENTE BOLÍVAR Y PONTE y DA MARÍA CONCEPCIÓN PALACIOS Y BLANCO, tanto ampliamente reconocido Libertador de nuestra Patria, como caraqueño y Prócer de nuestra Independencia, Padre Fundador y patrimonio histórico de la República de Venezuela, y ciudadano eterno de la República, y cuyos restos mortales reposan en el Panteón Nacional, antigua Iglesia de la Santísima Trinidad, en la actual jurisdicción del Municipio Libertador del Distrito Capital, si así lo decidiera la Comisión Presidencial de marras, ya que ese Decreto viola de forma directa y flagrante los derechos que de forma directísima le otorgan todas las Constituciones Republicanas desde Ocaña hasta hoy en día, contando así el derecho a la vida, a la dignidad, al debido respeto a los Derechos Humanos, y a la protección del Honor, en los términos consagrados en nuestra Constitución tanto del antedicho difunto, como del pueblo venezolano, que se encuentran vigentes además desde tiempos inmemoriales.

La primera e inmediata digresión jurídica e histórica podría venir dada por la permanencia e inmanencia de El Libertador a nuestros tiempos, en tanto y cuanto el mismo falleció el 17 de diciembre de 1.830. ¿Hasta dónde se mantienen vigentes sus derechos humanos? ¿Puede un muerto tener derechos humanos?

Dentro de la Escuela Positivista, la vida puede ser considerada en tanto y en cuanto la misma permanezca, y dentro de la Escuela Naturalista, la memoria de esa vida permanece a lo largo del tiempo, en tanto y en cuanto sea mantenida, bien por sus seres queridos, bien por el recuerdo histórico, hecho éste que pertenece solo a aquello que han trascendido a su propio tiempo.

El resultado de lo anteriormente expresado resulta innegable como hecho notorio: Simón José Antonio de La Trinidad Bolívar Palacios Ponte Blanco trascendió a su propia vida, y se convirtió en el Libertador de las Américas. Consecuencialmente, se debe algún respeto a su memoria, y de la misma forma, a sus restos mortales.

Así pues, es nuestro deber denunciar formalmente que el Decreto de marras viola de forma directa los dispositivos constitucionales relativos a la defensa de los derechos humanos que persisten y trascienden a nuestra desaparición física, expresada en la muerte como hecho notorio e innegable, así como también los derechos a la protección de la Dignidad y del Honor.

Tal y como hemos reconocido, la muerte, tomada como evento físico, pone fin a nuestra vida, y podríamos llegar a la errónea conclusión iuspositivista de que solo hasta allí llegan nuestros derechos.

Permítannos los Honorables Magistrados una pequeña licencia: nuestra existencia es trascendida por nuestros descendientes, y luchamos a brazo partido para que ellos disfruten del mismo renombre que nosotros.

Y es allí, justamente, donde el iuspositivismo muestra su error: nosotros, como humanos, transcendemos y deseamos trascender a nuestra propia existencia, y dejamos un rastro inconmensurable después de nuestra propia vigencia, si así lo queremos y si así lo determina el curso de la Historia.

De allí que conceptos inasibles como el de Honor permanezcan y se mantengan en el plano de lo inconcebible de la conciencia humana, reclamable siempre por las generaciones venideras.

Cierto es, entonces, que Simón José Antonio Bolívar, El Libertador, es inmanente a nuestra Historia, así con mayúsculas.

En definitiva, Honor podría significar muchísimas cosas, pero también honeste vivere, suum quique tribuere, alterum non laedere, los mismos principios de la Justicia distributiva que preconiza nuestra Constitución.

Así, Honorables Magistrados, los principios de Ulpiano pueden ser aplicados de forma directa a la memoria de El Libertador, y a su vida. Resulta innecesario, por repetitivo, el sacrificio que él mismo hizo de su persona, de sus ideales, por la República.

Honeste vivere, el que condenó la corrupción hasta el fin de sus días.

Suum quique tribuere, al que no dudó en reconocer los méritos de sus adversarios, gloria al vencedor, honor al vencido, en sus reveses y en sus victorias.

Alterum non laedere, cuando dedicó su vida a la felicidad de su pueblo.

Dígannos, ustedes, Honorables Magistrados, si ese no fue el Código de Honor mantenido por aquel humilde ciudadano de la Ilustración, y si el Honor no trasciende entonces a la persona misma, y se transforma en Gloria.

De allí que pretendamos, de forma muy humilde, denunciar ante ustedes la barbaridad que se está cometiendo.

Como ciudadano venezolano, de forma responsable denuncio entonces que esta Gloria pretende ser mancillada por el Decreto de la Presidencia de la República N° 5.834 del 28 de enero del 2008, publicado en la Gaceta Oficial N° 38.859 de esa misma fecha, cuando pretende “sugerir” un procedimiento para irrumpir en el sarcófago de El Libertador, profanándolo de forma impía, sino que además viola no solo los derechos de Simón Bolívar, contenidos en los artículos 3, 19, 43 y 60 de nuestra Constitución.

Resumamos: el Decreto denunciado viola, de forma directa, el derecho que tiene toda persona a descansar de forma eterna, tal y como decida, y a la protección de su Honor, que pretende hoy ser violada por un capricho del Presidente.

Debemos además considerar que el respeto del derecho a la vida lleva como consideración que le pertenece el derecho al descanso Eterno, el mismo Requiescat in Pacem de Nuestro Señor Jesucristo, al cual en repetidas veces, como buen católico, invocó Simón Bolívar.

En multitudinarias oportunidades se colocó bajo la protección de la Divina Providencia, y de ello dejan constancia muchas de sus Proclamas.

Quedan demasiadas consideraciones al juicio del Magistrado Ponente: ¿qué es vida y dónde termina? ¿Qué es honor?, solamente para decir un comienzo.

Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que el derecho a la dignidad y al honor trascienden a la vida misma de su portador, y que de la misma forma que todos los grancolombianos hemos percibido las ideas de El Libertador, su honor permanece en todos nuestros actos.

Queda claro entonces que la idea, el concepto del Gran Americano, no tan solo perteneció a su tiempo, sino que es inmanente a su concepción de Patria.

Y de allí viene nuestra legitimación para intentar el presente Recurso: no tan solo como caraqueños, venezolanos, sino mucho más allá, como ciudadanos de aquel país que al norte del sur soñó Bolívar.

Denunciamos, entonces, que el Decreto Presidencial discutido viola de forma directa los artículos 3, 19, 43 y 60 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en tanto y en cuanto el respeto a la dignidad humana, a los derechos humanos, muy especialmente aquellos referidos a la vida y al honor, subsisten y van más allá de la vida del de cujus. Por demás, el artículo 99 de nuestra Constitución de la República Bolivariana de Venezuela obliga a la preservación de la memoria histórica de la República.

De allí, Honorables Magistrados, que solicitamos respetuosamente que se suspenda de forma expresa la aplicación del artículo 3.3 del Decreto de la Presidencia de la República N° 5.834 del 28 de enero del 2008, publicado en la Gaceta Oficial N° 38.859 de esa misma fecha, en el sentido de que se le prohíba a dicha Comisión Presidencial, en ejercicio de la tutela constitucional de la memoria histórica del pueblo venezolano y del difunto Simón José Antonio de La Trinidad Bolívar Palacios Ponte y Blanco, Libertador de las Américas, la apertura de la urna de plomo que contiene sus restos, y que se prohíba además, de forma expresa, la formulación de recomendación alguna para la exhumación de su cadáver, que descansa en la Paz de Nuestro Señor Jesucristo, así sea, así sea, así sea.

En su defecto, si tal barbarie fuera permitida y se abriera la urna de plomo que contiene los restos mortales de Simón Bolívar, sugiero respetuosamente a este Alto Tribunal reglamente ese hecho, y lo someta, por lo menos, a las siguientes condiciones:

1.    Que se ordene a las Academias Nacionales de Historia y de Medicina nombrar dos (2) testigos por cada una, previas como sean sus respectivas deliberaciones, y se fije el lapso que habrán de durar las mismas.

2.    Que dicha apertura se celebre a la plena luz del día, en presencia de los miembros de la discutida Comisión Presidencial y los testigos de las Academias Nacionales de Historia y Medicina.

3.    Que se curse formal invitación a los Presidentes de los Países Bolivarianos, para que tuviesen a bien, nombren a través de sus respectivas Cancillerías o Ministerios de Relaciones Exteriores, representantes para presenciar el acto.

4.    Que se permita y ordene a todos los medios de comunicación públicos y privados nacionales, sin excepción, presenciar, transmitir y televisar en vivo ese hecho, de innegable trascendencia nacional, y que se fije el debido proceso de acreditación para que se encuentre igualmente presente una representación de la Prensa internacional escrita y audiovisual.

DE LA ANULABILIDAD DEL DECRETO RECURRIDO

El prenombrado Decreto Presidencial adolece de graves fallas, que permiten presuponer tanto su nulidad por inconstitucionalidad como su anulabilidad por ilegalidad, y en tal sentido, hallamos lo siguiente, aparte de las violaciones a los derechos humanos ya denunciadas, y los argumentos de inconstitucionalidad ya expuestos son igualmente válidos para la presente acción.

En este sentido, vemos que el fundamento jurídico del Decreto recurrido parece haber sido cortado a la medida de los deseos de quien emite el Decreto, sin guardar las debidas distancias, y adolece de graves fallas de técnica legislativas, y en este sentido, nos permitimos indicarles lo siguiente:

?    Se citan como fundamento constitucional los artículos 1, 99, 226, 236.2 y 236.11 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, no son ni pueden ser aplicables al caso que nos ocupa, salvo el lo que refiere el artículo 99 ejusdem al patrimonio histórico y cultural de la República.

?    Los fundamentos legales, los artículos 47 y 71 de la Ley Orgánica de la Administración Pública, no son más que el desarrollo legal de las normas antedichas, y por lo tanto, tampoco son válidas.

Detallemos, entonces, las violaciones una por una:

1.- De la acción del Jefe de Gobierno

El precepto básico lo conseguimos en el 226 constitucional, desarrollado por el artículo 47 de la Ley Orgánica de la Administración Pública: el Presidente de la República dirige las acciones de gobierno, y es el Jefe de la Administración.

No logramos ver el propósito de este enunciado, aparte del obvio reconocimiento del rol presidencialista de la norma, pero que nada tiene que ver con el Decreto recurrido.

En este mismo sentido, al examinar la Gaceta Oficial, vemos que se citan como fundamento los ordinales 2 y 11 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela: tampoco son aplicables. Ni podemos ver como el Presidente, en su carácter de Jefe de Gobierno, lleva a cabo acciones de gobierno, y menos aún como Jefe de la Hacienda Pública (artículo 236.11 ejusdem). Es nuestro firme convencimiento que la República no es un coto cerrado del ciudadano Presidente, sino que por el contrario, pertenece a todos los venezolanos.

Luego, creemos que aún subsiste el Principio de separación de los poderes, según la teoría pura del Estado de Derecho, bien sea Kelsen, bien sea Rousseau. La sola actuación del Ejecutivo no puede impulsar u obligar a los otros poderes a un factus, a un simple ejecutar por las órdenes dadas.

2.- De la creación de la Comisión

Expresa el decreto recurrido que se trata del nombramiento de una Comisión Presidencial de carácter temporal, pero nada dice en lo relativo a su duración en el tiempo, de forma tal que lo temporal puede convertirse en definitivo, o en eterno, al solo capricho de quien dicta la norma: yo te pongo, yo te quito.

Veamos además la experticia de quienes integran dicha Comisión: casi todos ellos Oficiales de la Fuerza Armada Nacional, empezando por el Vicepresidente mismo, bien en situación de actividad, bien en la honrosa situación de retiro, o civiles que para nada tienen conocimiento profesional y personal del hecho histórico. Para muestra, un botón, y obsérvese el desorden jerárquico de los miembros Oficiales de dicha Comisión. ¿Quién manda a quién? ¿Subsisten aún los principios de la antigüedad, la cadena de mando y la disciplina?

Una mescolanza de grados, jerarquías, rangos y antigüedad.

Completemos la constelación con un ingeniero eléctrico y una abogada, y sin querer nombrar al resto, ni un solo médico y menos aún un experto en ciencias forenses.

Y ni hablar del Ministro que supuestamente tendría competencia en el área discutida, Francisco (Farruco) Sesto, escribidor de las letras venezolanas, pero jamás historiador.

En definitiva, ninguno de ellos con el mínimo conocimiento profesional para llevar a cabo la magna labor detectivesca que significaría desentrañar la muerte de Simón José Antonio Bolívar.

3.- Del procedimiento para la exhumación de cadáveres

El artículo 217 del Código Orgánico Procesal Penal es lo suficientemente claro:

“Si el cadáver ha sido sepultado antes del examen o autopsia correspondientes, el juez, a petición del Ministerio Público, podrá ordenar la exhumación cuando las circunstancias permitan presumir la utilidad de la diligencia. En lo posible, se deberá informar con anterioridad a la exhumación, a algún familiar del difunto. Practicado el examen o autopsia, se procederá a la inmediata sepultura del cadáver.”

Y he aquí que el hecho histórico, ineludible e indiscutible es que Alejandro Prosper Revérénd practicó la autopsia de El Libertador, habiéndolo acompañado además en sus últimos momentos, de de ello quedó constancia en el Protocolo correspondiente:

“El 17 de Diciembre de 1830 a las 4 de la tarde, en presencia de los señores Generales beneméritos Mariano Montilla y José Laurencio Silba, habiéndose hecho la inspección del cadáver en una de las salas de la habitación de San Pedro, en donde falleció S. E. el General Bolívar, ofreció los caracteres siguientes:

HABITUD DEL CUERPO.---- Cadáver a los dos tercios de marasmo, descoloramiento universal, tumefacción en la región del sacro, músculos muy poco descoloridos, consistencia natural. CABEZA.---- Los vasos de la arachnóides en su mitad posterior ligeramente inyectados, las desigualdades y circunvoluciones del cerebro recubiertas por una materia pardusca de consistencia y transparencia gelatinosa, un poco serosa semiroja bajo la dura-mater: el resto del cerebro y cerebelo no ofrecieron en su sustancia ningún patológico.

PECHO.---- De los dos lados posterior y superior estaban adheridas las pleuras costales por producción semimembranosas: endurecimiento en los dos tercios superiores de cada pulmón; el derecho casi desorganizado presento un manantial abierto de color de las heces del vino, jaspeado de algunos tubérculos de diferentes tamaños no muy blandos; el izquierdo, aunque menos desorganizado, ofreció la misma afección tuberculosa, dividendolo con el escalpelo. Se descubrió una concentración calcárea y regularmente angulosa del tamaño de una pequeña avellana. Abierto el resto de los pulmones con el instrumento, derramó un moco pardusco que por la presión se hizo espumoso. El corazón no ofreció nada particular, aunque bañado en un liquido ligeramente verdoso contenido en el pericardio.

ABDOMEN.---- El estomago, dilatado por un licor amarillento de que estaban fuertemente impregnadas sus paredes, no presentó sin embargo ninguna lesión ni flogósis: los intestinos delgados estaban ligeramente meteorizados: la vejiga, enteramente vacía y pegada bajo el pubis, no ofreció ningún carácter patológico. El hígado, de un volumen considerable, estaba un poco escoriado en su superficie convexa; la vejiga de la hiel muy extendida; las glándulas mesentéricas obstruidas; el bazo y los riñones en buen estado. Las viseras del abdomen en General no sufrían lesiones graves. Según este examen, es fácil reconocer que la enfermedad de que ha muerto S. E. el Libertador era en su principio un catarro pulmonar, que habiendo sido descuidado, pasó al estado crónico, y consecutivamente degenero en tisis tuberculosa. Fue pues esta afección morbífica la que condujo al sepulcro al General Bolívar, pues no deben considerarse causas secundarias las diferentes complicaciones que sobrevinieron en los últimos días de su enfermedad, tales como la arachnóides y la neurosis de la digestión, cuyo signo principal era un hipo casi continuo; y ¿quién no sabe por otra parte que casi siempre se encuentra alguna irritación local extraña al pecho en la tisis con degeneración del parenchina pulmonar? Si se atiende a la rapidez la enfermedad en su marcha, y a los signos patológicos observados sobre el órgano de la respiración, naturalmente es de creerse que las causas naturales influyeron e los procesos de esta afección. No hay duda que agentes físicos ocasionaron primitivamente el catarro del pulmón, tanto más cuando que la constitución individual favorecía el desarrollo de está enfermedad, que la falta de cuidado la hizo más grave; que el viaje por mar, que emprendió el Libertador con el fin de mejorar su salud. Le condujo al contrario a un estado de consunción deplorable, no se puede contestar; pero también debe confesarse que afecciones morales vivas y punzantes como debían ser las que afligían continuamente el alma del General. Contribuyeron poderosamente a imprimir en la enfermedad un carácter de rapidez de su desarrollo, y de gravedad en las complicaciones, que hicieron infructuosos los socorros del arte. Debe observarse a favor de esta aserción que el Libertador, cuando el mal estaba en su principio, se mostró muy indiferente a su estado, y se denegó a admitir los cuidados de un médico: S. E., el mismo lo ha confesado: era cabalmente en el tiempo en que sus enemigos le hartaban de disgustos, y que estaba más expuesto a los ultrajes de aquellos a que sus beneficios habían hecho ingratos. S. E. llego a Santa Marta, bajo auspicios mucho más favorables, con la esperanza de un porvenir mucho más provechoso para la patria, en que veía brillantes defensores que le rodeaban. La naturaleza conservadora retornó sus derechos; entonces pidió con ansia los socorros de la medicina. Pero ¡ah! ¡ya no era tiempo! El sepulcro estaba abierto aguardando la ilustre víctima, y hubiera sido necesario haber un milagro para impedirle descender a él.”

Luego, si ya se practicó la autopsia de ley, mal puede ordenarse la exhumación del cadáver o sus restos. Esto conllevaría de forma directa a la profanación del cadáver, y es allí donde conseguimos la concreción específica de la paz del sepulcro y del derecho a la dignidad del ser humano discutida en nuestro Amparo Cautelar.

4.- De los delitos que se cometerían con base a la promulgación del Decreto recurrido

Es nuestro deber recordar a los Honorables Magistrados que si en ejercicio del Decreto recurrido de llegara a abrir la urna de plomo que contiene los restos mortales de Simón Bolívar, sin las garantías aquí solicitadas mediante el amparo cautelar, se violaría de forma directa el artículo 172 del Código Penal y 474.12 y 506 del Código Orgánico de Justicia Militar:

Artículo 172 del Código Penal: “Cualquiera que cometa actos de profanación en el cadáver o en las cenizas de una persona, y cualquiera que con un fin injurioso, o simplemente ilícito, sustrajere, fraudulentamente, el todo o parte de los despojos o restos mismos, o de alguna manera viole un túmulo o una cineraria, será castigado con prisión de seis meses a tres años.”

Artículo 474 del Código Orgánico de Justicia Militar: “Sufrirán la pena de presidio de cuatro a diez años los que: (…) 12.- Los que desnudaren o profanaren cadáveres y los que no cuidaren de su inhumación, incineración o inmersión.”

Artículo 506 del Código Orgánico de Justicia Militar: “El militar que delante de tropa o en cualquiera establecimiento o dependencia militar verifique actos que se traduzcan en injuria, ofensa o menosprecio a cualquiera de los símbolos nacionales, a las Fuerzas Armadas o alguna de sus instituciones, o se despoje con igual fin del uniforme, condecoraciones, insignias o distintivos, será castigado con presidio de tres a ocho años; si el hecho se verificase en cualquier otro sitio la pena aplicable será la de prisión.”

La profanación refiere a “tratar algo sagrado sin el debido respeto, o aplicarlo a usos profanos”, o “deslucir, desdorar, deshonrar, prostituir, hacer uso indigno de cosas respetables”, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

Así, Honorables Magistrados, abrir el sarcófago de plomo que guarda los restos de El Libertador sin un fin lícito es, sin duda alguna, profanación de sus restos.

Por demás, no debemos olvidar que el Presidente de la República es un Oficial Superior de la Fuerza Armada de la República Bolivariana de Venezuela, con el rango de Teniente Coronel, en situación de retiro, lo que hace directamente aplicable el mismo dicho Código Orgánico de Justicia Militar.

El solo hecho de que el ciudadano Teniente Coronel (EJ) Hugo Rafael Chávez Frías sea Presidente de la República no lo sustrae del hecho jurídico objetivo que significa la apología al delito del artículo 285 del Código Penal, concatenado estrechamente con el 284 ejusdem:

Artículo 285.- “En los casos de los números 2 y 3 del artículo anterior, nunca podrá pasarse de la tercera parte de la pena señalada al hecho punible a que se refiere la instigación.”

Artículo 284.- “Cualquiera que instigare, públicamente, a otro a cometer una infracción determinada, por el solo hecho de la instigación será castigado: (…) 2.- Si se trata de un delito cuya pena sea de prisión, con prisión de tres a doce meses.”

Por demás, nos hallaríamos ante la directa violación del artículo 217 del Código Orgánico Procesal Penal:

“Si el cadáver ha sido sepultado antes del examen o autopsia correspondientes, el juez, a petición del Ministerio Público, podrá ordenar la exhumación cuando las circunstancias permitan presumir la utilidad de la diligencia. En lo posible, se deberá informar con anterioridad a la exhumación, a algún familiar del difunto. Practicado el examen o autopsia, se procederá a la inmediata sepultura del cadáver.”

Y he aquí que el cadáver de El Libertador fue sometido a un protocolo de autopsia, conforme a los usos de sus tiempos, y que dicho Protocolo fue debidamente ratificado por una Comisión nombrada a tal efecto por la Asamblea Constituyente, lo que hace innecesarias posteriores diligencias.

Si aún subsistieran dudas, el análisis criminalístico y científico del nódulo calcificado extraído del pulmón izquierdo de Simón Bolívar durante su autopsia bastaría para despejar las dudas que aún subsistieren sobre las causas de su muerte, lo cual hace del todo innecesario la apertura de su urna.

PETITORIO

Es por las razones anteriormente expuestas, tanto de inconstitucionalidad como de ilegalidad, que comparezco ante su competente autoridad con el fin de que el Decreto de la Presidencia de la República N° 5.834 del 28 de enero del 2008, publicado en la Gaceta Oficial N° 38.859 de esa misma fecha, sea declarado nulo.

Es Justicia, en Caracas, a los veintiséis (26) días del mes de febrero del mes de febrero del dos mil ocho (2008).

José Antonio Carrero Araujo

7 8,372 0

Public Document

Number of times Signed
0
Number of Saves
0
Number of Downloads
18
Number of Views
1.2k

This is version 1, from 2 years ago.

Suggest changes by making a copy of this document. Learn more.

Create Branch